Somos viajeros cueste lo que nos cueste

El ser humano es viajero por naturaleza, tal y como se puede comprobar cuando empiezan los meses en los que los días se hacen más largos y las temperaturas empiezan a aumentar, o cuando hay más de tres días festivos y las agencias de viajes empiezan a notar que las reservas en los destinos de moda empiezan a aumentar su demanda hasta que llegan incluso al lleno absoluto.

Cuando empiezan las vacaciones o hay una jornada festiva, a menudo las ciudades se convierten en islas desiertas de gente, muy diferentes a lo que estamos acostumbrados a ver durante una jornada normal, en la que el trasiego de personas y coches es tan elevado que a menudo parece que no hay sitio para tanta gente, algo que se traslada a las playas y otros lugares en la temporada de asueto.

Eso sí, algunas veces nos encontramos con problemas de tipo financiero que nos impiden disfrutar de ese viaje que nos gustaría, y por muchas ofertas de viajes que nos dediquemos a buscar, parece que no nos llegan los fondos para poder ir más allá del bar de la esquina. De hecho, hay quienes se embarcan en la aventura de pedir un crédito para poder costearse un buen viaje y después se arrepienten de tener que estar durante todo el año pagando con intereses lo que costó.

¿Hay que hacer todo lo que sea posible, incluso a veces algo más, sólo por conseguir el viaje de tus sueños? La verdad es que es un error en el que incurrimos muchas veces sin darnos cuenta de que viajar puede llegar a ser mucho más sencillo de lo que creemos siempre y cuando tengamos en cuenta algunos aspectos que encarecen, y mucho, el precio final.

De mochileros

A menudo se piensa que coger una mochila, guardar lo justo para un par de cambios de ropa y lanzarse a la aventura es algo que está reservado únicamente a los jóvenes y a los viajes cortos, pero lo cierto es que viajar de este modo puede convertirse en una experiencia mucho más agradable de lo que en un principio puede parecer.

Hay quienes han recorrido medio mundo solamente con su mochila y aseguran que desde que conocieron esta forma de viajar no la cambian por nada, y además les resulta relativamente asequible, siempre y cuando no se pretenda dormir en un hotel todas las noches o contar con baño propio.

La ventaja que tiene viajar así es que se puede echar un vistazo a las salidas más económicas en Internet, buscando ofertas viajes a la India, por Europa u Oriente Medio, por ejemplo, y descubrir estos destinos caminando y conociendo a sus gentes, algo que en un hotel nunca se logra y que hace de la experiencia viajera algo mucho más atractivo, además de ser mucho más barato.

Un par de camisetas, un pantalón y el cepillo de dientes son lo único que se necesita para recorrer el mundo de este modo. Y si tienes un poco de suerte, incluso puede que encuentres un lugar tan perfecto que hasta te quedes a vivir allí por una temporada.

Conocer a alguien es siempre una buena opción

Quizás esa sea la aspiración de todo amante de los viajes: conocer a alguien en cada sitio en el que alojarse y limitarse a comprar el billete de avión para viajar hasta allí.

Hay personas que parecen tener esa fortuna, y conocen a gente de todo el mundo como quien tiene una lista de vecinos a los que pedir una taza de azúcar. Pero, claro está, eso es algo que solo unos cuantos pueden tener y que les ayuda a ahorrarse un buen dinero cuando se plantean salir de viaje. El resto como mucho nos tenemos que conformar con tener familia en el pueblo o un amigo o conocido que nos ayude a encontrar un alojamiento que no sea muy caro en la zona en la que vive.

Viajar sí pero, ¿hay que pagar cualquier precio para lograrlo? Lo cierto es que en la mayoría de las ocasiones no es para nada recomendable tener que pasar necesidades el resto del año solo por disfrutar de unos días de vacaciones. Planificar con antelación, tratar de ajustar las cuentas para conseguir algunos ahorros y buscar bien hasta encontrar el mejor precio, a veces renunciando a un destino concreto, puede marcar la diferencia entre poder salir de viaje sin complicaciones ni agobios posteriores o acordarnos de las últimas vacaciones solo porque casi se acercan otras y todavía las estamos pagando.

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